Histórico cambio de régimen

El mismo Andrés Manuel López Obrador lo dijo: su llegada al poder no es un simple cambio de gobierno, es un cambio de régimen. Para empezar, se acabó el neoliberalismo impuesto al mundo occidental por Margaret Tacher, de Inglaterra y Donald Reagan, de Estados Undos y acatado con júbilo por la tecnocracia mexicana que capitaneaba Carlos Salinas de Gortari, en México.

        Eso acaba con una política económica enfocada a beneficiar al gran capital, en detrimento de las clases medias y populares, según se ha visto en México y permite iniciar políticas de beneficio económico y social, en beneficio de las grandes mayorías.

        El nuevo presidente de México, anunció un total apoyo a la agricultura y a la ganadería, para romper con la dependencia alimentaria del país, que habiendo sido cuna del maíz, que es base de la alimentación popular, es el mayor importador de ese grano.

        Una agricultura fuerte y bien planeada, es básica para poder pensar en un desarrollo económico más diverso y eficiente, que permita acabar con las enormes diferencias sociales que existen en México.

         Nunca antes la llegada de un presidente electo democráticamente, había llenado de tanto entusiasmo al pueblo mexicano. El interés por ver la entrega del poder presidencial a Andrés Manuel López Obrador por Enrique Peña Nieto, el presidente saliente a través de la televisión, rebasó todos los pronósticos.

           El discurso de toma de posesión, fue elogiado por su claridad, por su contundencia y por contener promesas que el pueblo quería escuchar.

          No contenía nada que no hubiera dicho el ahora presidente de la república, durante sus campañas a la presidencia, pero ahora dicho todo ello en solo discurso en forma ordenada y congruente.

           Cuando la bancada de diputados y senadores panistas se levantaron para exigir que bajara el precio de las gasolinas (que fue en el momento en que López Obrador hablaba de PEMEX) el presidente con toda tranquilidad afirmó: “Quienes fueron los culpables del aumento al combustible, ahora exigen que se baje” y se soltó un aplauso generalizado.

           Por la tarde, después del banquete ofrecido a los jefes de Estado que estuvieron en la ceremonia de toma del poder, el gobernante mexicano fue objeto de una ceremonia de los pueblos originarios y de afrodescendientes, muy emotiva, en el zócalo de la capital del país. Fue una purificación de acuerdo a ancestrales costumbres y entrega del bastón de mando. La asistencia fue de 120 mil personas llegadas, sin acarrero, de todo el país.

           En todos estos actos estuvo acompañado de su esposa Beatriz Gutiérrez Muller, que durante varios años vivió en Puebla dedicada a la actividad periodística.

           Los comentarios en Puebla fueron en su totalidad, por lo menos los que nosotros pudimos recabar, bastante aceptables: gustó el recorrido que el presidente y su esposa hicieron de su residencia particular al edificio del Poder Legislativo, recibiendo aclamaciones a lo largo de los 20 kilómetros que separan la casa del gobernante y su familia, y el palacio legislativo; gustó el desarrollo de la sesión de los diputados y senadores, la ceremonia de la entrega y hasta los incidentes ocurridos.

         Se ve que la gente estuvo pegada a su televisor durante todo el tiempo de la entrega y recepción del poder y que no se perdió detalles.

          López Obrador inspiró confianza en la gran mayoría. Muchos elogiaron que en repetidas ocasiones afirmó que no fallaría y todos están conscientes, de que hay que esperar, como el dijo, uno o dos años, para que se puedan realizar muchos de los cambios y empiecen a notarse sus efectos.

         Algunos preguntaron cómo le iba a hacer para cumplir todas sus promesas y entre quienes hablaban sobre el tema dieron algunas respuestas, la que nos pareció más certera fue la que dijo un señor de 67 años, maestro jubilado, que expresó: “Si va a cambiar el sistema neoliberal y va a combatir la corrupción, pues de ahí saldrá para todo, porque el sistema ese ha sido nefasto por que ha hecho más corruptos a los corrupto y porque se han construido grandes obras innecesarias y muy costosas. Si ahora se va a actuar con inteligencia y se evitan los robos al erario, pues todo tiene que mejorar”.

           Ayer fue el encuentro con los militares y marinos en el Campo Marte y explicó mejor su plan contra la inseguridad. Habló de la guardia nacional y de la trayectoria histórica de nuestras fuerzas armadas, elogiando su lealtad, su honestidad, salvo algunas excepciones y demandando su colaboración.

          Su discurso revivió pasajes importantes de la historia nacional, algo que se borró del discurso oficial a la llegada del neoliberalismo.

          Los nombres de Morelos, Hidalgo, Juárez, Madero y Cárdenas, volvieron a ser escuchados en labios de un presidente de la república.

          Ya estamos viviendo dentro de la cuarta transformación: la primera fue la guerra de Independencia; la segunda La Reforma de Benito Juárez donde se separó el poder civil del eclesiástico; la tercera fue la Revolución, que terminó con una dictadura y con el predominio de los ricos hacendados e inversionistas extranjeros y dio origen al México moderno, principalmente en la primera etapa de los gobiernos revolucionarios, partiendo de Cárdenas a José López Mortillo, etapa en la que el crecimiento del país era de más del cinco por ciento, bajando ese crecimiento en la época neoliberal a solo el dos por ciento. Se inicia la cuarta etapa, que pretende alcanzar un cuatro por ciento de crecimiento general, pero sobre todo, beneficiando a los pobres y a las clases medias.

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