Más de seis meses sin lluvia

En el  Valle de Puebla, en la Mixteca Poblana,   probablemente en el valle de Libres, no ha llovido desde hace  más de seis meses,  fue en el mes de octubre del años anterior cuando se presentaron las últimas lluvias del año, de ahí para acá nada,  sólo algunos nublados y algunas  y raquíticas lluvias que de nada han servido a los agricultores.

Por esta situación de sequía miles de agricultores no han sembrado, no han iniciado el ciclo agrícola primavera- verano, no existe humedad para sembrar, las semillas no nacerían, y si nacen pronto se secarían.

Probablemente el  2019 sea un año seco, de bajas precipitaciones no sólo para Puebla sino todo el país, si esto sigue así, vendrán los incremento en precios de alimentos, entre ellos la tortilla.

La  Secretaría de  Desarrollo Rural  no  ha informado nada al respecto, no ha dicho que por la  ausencia de lluvia las pérdidas  ya son enormes pues miles de hectáreas no fueron sembradas a tiempo, por  lo tanto no habrá cosecha, miles de familias que  viven del campo no tendrá recursos, el campo es  su única fuente de  ingresos.

La secretaría debe informar el monto de las pérdidas por esta  prolonga ausencia de  lluvia y  cómo se va a apoyar a los productores afectados.

No existe  un programa del gobierno estatal  ni federal que apoye a los productores y sus familias cuando por cuestiones climáticas no pueden sembrar nada, apoyos  para que ellos puedan enfrentar el resto del año hasta que llegue el nuevo ciclo.

Lo que hay son apoyos federales por siniestros, heladas, sequías, granizadas, que afectaron cultivos y  se reportan pérdidas parciales  o totales, en estos casos el  gobierno entrega apoyos por hectáreas dañadas.  Sin embargo, en este caso como no hay cultivos sembrados, no hay pruebas de afectaciones, habría que ver si en los seguros agrícolas se contemplan apoyos cuando por sequía o ausencia de lluvia los campesinos  no pudieron sembrar.

El fenómeno de que no haya llovido en más de medio año tiene que ver sin duda con el cambio  climático, el calentamiento global, la deforestación y contaminación en general,  la naturales, el medio ambiente, simplemente, pasa la factura, el cobro por los daños causados. Todo en este mundo tiene una respuesta, a una acción  viene una reacción.

Si hace muchos años se tenían ciclos regulares de lluvia es porque no había tanto daño al medio ambiente, la naturaleza resistía, pero se llegó  al límite, las actividades humanas fueron más allá de la resistencia de la naturaleza.

Todo va unido para que las cosas estén así:  el crecimiento demográfico va vinculado a un sinnúmero de acciones que  dañan el medio ambiente, la contaminación del suelo y agua alcanza niveles preocupantes, la tala de árboles es enorme, los desarrollos habitacionales, comerciales  e industriales han derribado cientos de miles de árboles que generan oxígeno, agua, sombra, alimentos.

Los tres niveles de  gobierno nada hacen por corregir las cosas, nos existen acciones de protección al medio ambiente, se permite que la sociedad, el comercio y la industria sigan dañando y contaminando el medio ambiente, las instituciones son como figuras decorativas.

Por ejemplo, esas instituciones, con el fin de proteger los intereses comerciales de la empresa Volkswagen, permite que la misma bombardee las nubes para evitar que llueva  y granice y dañe los miles de autos que fabrica, el gobierno protege los intereses de las empresas, en lugar de proteger el medio ambiente, el campo, los productores.

Parece que sólo en la  Sierra Norte de Puebla existe lluvia, y habría que ver la intensidad, los metros cúbicos de lluvia y saber si es suficiente para el campo.

Como consecuencia de la ausencia  de lluvia, en el valle de Puebla y la Mixteca Poblana los ríos (contaminados por supuesto) llevan poca  agua, la presa de Valsequillo y las demás presas probablemente queden al  30 por ciento de su capacidad, o menos, por lo que no habrá riesgo para las  zonas que tienen este beneficio.

Esta es la realidad que se vive en Puebla y en otros estados del país, este es el precio que se paga por la actividad humana, por la irresponsabilidad  humana, por la  incapacidad de los  gobiernos, por el crecimiento demográfico sin control, por el modelo económico que sólo ve la ganancia.

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